diciembre 07, 2011

Los Enredos de Palacio

Artículo publicado en mi columna "Didascalia" para la Revista Merca2.0 del mes de diciembre.

Ya hemos escrito en este espacio sobre Leon Festinger y su teoría de la Disonancia Cognoscitiva (o Cognitiva, da lo mismo), que en mucho ha rebasado el ámbito de la psicología social para volverse una teoría común a diferentes disciplinas y que, según la cual, las personas nos sentimos incómodas cuando mantenemos simultáneamente creencias contradictorias o cuando nuestras creencias no están en armonía con lo que hacemos. Palacio de Hierro es ahora la marca que me viene a la mente como un ejemplo de ello.

Soy totalmente Palacio
“Cuida los lujos y las necesidades se cuidarán por sí solas”, decía la autora norteamericana, Dorothy Parker.

Desde hace una década más o menos, El Palacio de Hierro ha sido una tienda que ha construido una reputación interesante, al separarse, al menos perceptiblemente, de Liverpool en cuanto a las marcas que tanto una como otra consiguen traer.

Más que el esfuerzo de una actividad de relaciones públicas, esta percepción se origina a partir de una coherencia muy consistente entre la labor que tenía la tienda por traer marcas exclusivas y la memorable campaña que creara Ana María Olabuenaga (“Soy Totalmente Palacio”, campaña que por cierto sigue y que deja en evidencia una de dos: o el slogan es insuperable, o que a Terán no le da más su talento creativo).

El caso es que, de un tiempo para acá –probablemente de un par de años al día de hoy–, Palacio de Hierro ha gastado mucho más en publicidad que antes, con resultados anodinos (prueba de que el dinero no tiene relación con la creatividad).

La inconsistencia
Un sondeo realizado por una firma de consultoría de la cual me reservo el nombre, para una cadena internacional que tiene un interés por demás ambiguo de establecerse en México, revela que el impacto de la publicidad de Palacio de Hierro entre sectores de la población A/B y C+, es cada vez menor. Acuden más por la reputación de la tienda que por la publicidad que presenta, reputación que no precisamente, dice el sondeo, ha sido construida por el trabajo publicitario, sino por lo que ha encontrado en la tienda a lo largo de los años en los que ha acostumbrado a ir.

Es comprobable. Un anuncio de publicidad (“Fortuna”), que muestra a un soltero de 30 y tantos en París, sólo por poner un ejemplo, lo ubica en un contexto de productos que uno no encuentra en esa tienda: Camisas para esmoquin con cuello normal y corbatas de moño no pre-armadas (que podrían ser un símbolo de elegancia y estilo, que es lo que promueve la tienda), son artículos que nadie podrá ver allí.

Otra señal de esa inconsistencia (mejor descrita como disonancia cognoscitiva), también es referida en ese comercial cuando al final del mismo el protagonista se queda con las mujeres. Se trata de el símbolo de las bebidas de lujo y la esencia del bon vivant: el champagne.

Área Gourmet
Antes cuando uno iba a Palacio de Hierro –al área gourmet para ser específico–, podía encontrar en el departamento de vinos lo más selecto de los champagnes. Hoy, va uno a esa tienda buscando marcas de lujo como Dom Pérignon, Krug, Ruinart, Moët & Chandon o Veuve Clicquot y no tienen en venta ninguna de estas marcas cuando son las más importantes (por no decir, las referencias obligadas), de las bebidas de lujo.

El sondeo de referencia investigó sobre las posibles (y obvias) debilidades de las diferentes tiendas departamentales en nuestro país y reveló lo que el sentido común dicta y que la mayoría de personas del segmento ya expuesto manifestaron: una gran desconfianza en la tienda que no es consistente con lo que anuncia. Demostró también que los segmentos que más acuden ahora a la tienda, son los C y C+ dadas las constantes promociones de meses sin intereses que maneja la tienda y a las que sólo una marca de lujo como Louis Vuitton (que por razones de su propia estrategia de mercadotecnia), no se suma.

Los números
Es muy probable (no lo sé de cierto, pero supongo), que el hecho de que Palacio de Hierro ya no venda bebidas de Moët Hennessy México, se deba a querer tener un mayor margen de utilidad sacrificando la utilidad de esta empresa. Si nadie puede regatearle a Palacio de Hierro la compra de un producto, no entiendo por qué esta tienda sí quiere caer en la tentación –tan mexicana, pero tan barata–, de querer hacerlo con un proveedor.

No pretendas apagar con fuego un incendio ni remediar con agua una inundación”, decía Confucio en honor de la coherencia. En ese mismo tenor, un cambio de estrategia en la comunicación y en sacrificar apenas un poco la utilidad de la tienda en beneficio del cliente, podría devolverle a Palacio de Hierro el ser percibida como la tienda de lujo más importante de México.

Los invito a seguirme en Facebook o por Twitter: @ManuelMR.

noviembre 08, 2011

Newton y La Manzana


Artículo publicado en mi columna "Didascalia" para la Revista Merca2.0 del mes de noviembre.

Sir Isaac Newton estableció las bases de la mecánica clásica cuando en 1687 en su obra “Filosofía Natural de los Principios Matemáticos”, describió la ley de la gravitación universal y creó tres simples leyes sobre el movimiento que, sin duda, revolucionaron al mundo y siguen más que vigentes hasta nuestros días. La idea de la gravitación, según Newton y de acuerdo con el manuscrito virtual que publicó en enero de 2010 la Royal Society, la originó la caída de una manzana, mientras estaba sentado, reflexionando.

La primer manzana
Dos marcas memorables han tenido como símbolo (y nombre), una manzana. La primera de ellas fue Apple Records, nombre que en 1968 dieron a su estudio de grabación y posteriormente a su sello discográfico ni más ni menos que The Beatles. Ubicado en la ya legendaria Abbey Road, este sello vio nacer cinco de los más memorables álbumes de este grupo y muchos más de sus miembros ya como solistas.

Aparte de The Beatles, la discografía de Apple Records incluyó músicos como Mary Hopkins, Badfinger, James Taylor, Chris Hodge, Billy Preston, Ravi Shankar y la Hot Chocolate Band, entre otros. La marca, como sello discográfico y por lo que representaba (además de por quiénes representaba), fue una marca que garantizaba calidad, pero sobre todo, fue muy querida.

La otra manzana
Ocho años más tarde (1976) y producto de la admiración que sentía por The Beatles, Steve Jobs junto con Stephen Wozniak y Mike Markkula, fundan Apple, Inc. en lo que, con el tiempo, sería la segunda gran revolución tecnológica del siglo pasado, trayendo hacia sus consumidores, una manera muy diferente de apreciar el ordenador personal, el manejo de gráficos en el ordenador y, quizá lo más importante, una nueva forma de entretenimiento y cómo almacenarlo.

Hablar de Macintosh y de su sistema operativo, así como del iPod, del iPhone y más recientemente del iPad, es hablar de una re-evolución de la productividad (siempre enfocada en lo visual, entendiendo como nadie un nicho de mercado cada vez más amplio), del entretenimiento como ocupación inmediata del ocio y de la información como una necesidad imperiosa de respuesta rápida. 

Comunicación sin barreras
La innovación de un negocio es absolutamente nada si ésta no se ve reflejada en la comunicación que establece con sus principales audiencias. Apple confirma esta sentencia cuando en 1984, para el lanzamiento de la computadora Macintosh, contrata al director de cine Ridley Scott para dirigir un comercial de un minuto que sería transmitido una sola vez durante el tercer cuarto del supertazón XVIII (que al final ganaron los Raiders de Oakland), y cuyo concepto, así como su dirección de arte, fueron únicos y que, a la fecha para muchos, no han sido superados.

A partir de allí, y sabiéndose poseedor del cambio, su comunicación se remitió constantemente a iconos de la transformación, como Gandhi, Lennon y Martin Luther King, por ejemplo, sin que nadie, absolutamente nadie, cuestionara su originalidad,  credibilidad o consonancia como una marca que, no obstante ubicarse todavía en esa época como marginal o de atención a un nicho muy especializado, se posicionaba –ante todos los mercados–, como un símbolo de calidad.

En materia de relaciones públicas (o una parte muy especializada de ellas), Apple ha detonado un arma que muy pocas empresas de tecnología han utilizado a cabalidad: la cercanía con sus consumidores, el saber escucharlos y el atender sus necesidades en el desarrollo de sus productos. Eso es lo que ha hecho de Apple una marca realmente entrañable para sus usuarios.

El adiós
El pasado 5 de octubre y después de 6 años de luchar contra un cáncer de páncreas que por no ser típico le permitió vivir más de lo previsto, falleció Steve Jobs.

Pocas muertes han sido tan comunicadas (por noticiarios, medios informativos impresos, redes sociales) y tan lamentadas como la del co-fundador de Apple. Para mí (no es raro que me exprese en primera persona en estas páginas), su muerte fue tan lamentable como la de John Lennon. La muerte en los dos casos no llegó de la misma manera, pero para mí, a cada uno lo mató un asesino diferente.

Desde hace meses –previendo seguramente lo que venía–, Steve Jobs dejó a cargo de Apple a Tim Cook, quien un día antes de la muerte de Jobs presentó la nueva versión del iPhone 4, el 4s. Lo que se espera de él, y que seguramente cumplirá como se debe, es el mismo nivel de innovación y la misma creatividad para comunicar este perfeccionamiento.

Cuesta demasiado diseñar productos a partir de grupos cerrados. La mayoría de las veces la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas.”, decía Jobs. ¡Qué mejor muestra de ello que sus propios productos!

noviembre 01, 2011

20 Frases para Día de Muertos

- Conforme vas haciéndote mayor, te vas dando cuenta que el más allá cada vez está más acá. MMR

- No es que tenga miedo de morir. Lo que no quiero es estar allí cuando ocurra. Woody Allen

- ¿Miedo a la muerte?. Uno debe temerle a la vida, no a la muerte. Marlene Dietrich

- Sólo se muere una vez. ¡Pero por tan largo tiempo! Moliere

- La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo. Epicuro

- La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene. Jorge Luis Borges

- A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd. Alphonse de Lamartine

- La muerte es el comienzo de la inmortalidad. Robespierre

- El nacimiento y la muerte no son dos estados distintos, sino dos aspectos del mismo estado. Gandhi

- Es más duro asumir la muerte que padecerla. René de Chateaubriand

- El que muere paga todas sus deudas. Shakespeare

- La muerte no es más que un cambio de misión. Leon Tolstoi

- Una muerte bella honra toda la vida. Francesco Petrarca

- Lo único que nos separa de la muerte es el tiempo. Ernest Hemingway

- La muerte tiene una sola cosa agradable: las viudas. Enrique Jardiel Poncela

- Aquél que tú lloras por muerto, no ha hecho más que precederte. Séneca

- Siempre son los demás los que se mueren. Marcel Duchamp

- Es más cruel temer a la muerte que morir. Publio Siro

- El hombre que no percibe el drama de su propio fin no está en la normalidad sino en la patología, y tendría que tenderse en la camilla y dejarse curar. Jung

- Nada hay más patético que sentarse a esperar la muerte. A mí me enseñaron que hay que ir a enfrentarla. MMR

octubre 25, 2011

Granados Chapa

No queda más que la tristeza para describir cómo las ausencias se incrementan y aumentan además la manera de percibir nuestra fragilidad como seres humanos. Siempre tendemos a pensar que quienes más nos han aportado podrían permanecer con nosotros indefinidamente también en lo físico aunque sepamos que su obra queda y seguirá vigente.

Lo recuerdo en la vieja Facultad.

Quienes tuvimos el privilegio de tenerlo como maestro (junto con un grupo de mentores memorables entre los que destacaban Julio Scherer, Pablo González Casanova, Susana González Reyna, Ángeles Mastretta, Silvia Molina, Sergio Colmenero, Fátima Fernández Christlieb, Froylán López Narváez, entre otros que dejo de recordar más por olvido que por omisión), lo veíamos venir siempre cargando papeles, muchos papeles, como un viejo capitán que llevaba los múltiples mapas que nos conducirían a una tierra a lo mejor no tan segura pero firme al fin y al cabo.

Recuerdo que sin burla pero con escepticismo, se rió un poco de mí cuando, en 1977, le dije que me contratarían para hacer periodismo en radio. –Eso todavía no existe–, me dijo casi disculpándose y no sin justificada razón. En la segunda mitad de la década de los setentas, justo después de que la intransigencia del viejo régimen encarnada en Luis Echeverría había acabado con el único periodismo independiente del país (el Excélsior de Scherer del que él formaba parte muy importante), la radio no ejercía un periodismo de análisis, de comentario. Se limitaba únicamente a transmitir información –la mayor de las veces, sólo la información que el gobierno nos permitía emitir–, y los espacios noticiosos de la radio estaban tan marginados que era una verdadera hazaña, por ejemplo, tan sólo el hecho de comercializarlos. Nada que ver con lo que ahora, por derecho, se transmite. Ya hubiéramos querido ejercer entonces ese derecho que hoy tenemos y que a muchos se les olvida fácilmente la razón por la que no lo teníamos.

Nunca trabajé con Granados Chapa, seguramente hubiera sido una experiencia muy interesante. Haberlo tenido como docente, sin embargo, fue muy enriquecedor en muchos aspectos.

Nos enseñó que el periodismo no sólo está lleno de anécdotas y frases. Que sí debe conformarse como un auténtico “cuarto poder” exactamente en los términos en los que el autor de esta expresión, Edmund Burke, aludía a la prensa británica y la gran influencia que tenía en los años previos a la Revolución Francesa (de la cual él se hizo partidario más tarde no obstante su nacionalidad inglesa).

Burke decía que la prensa era ya un poder independiente a los otros tres (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), porque no se limitaba a reflejar la opinión pública en la que toda democracia debe estar fundamentada, sino que, al valorar por sí misma (y acomodar en ese orden de valoración en los diarios) cuál es la información más importante que el público debe leer y además opinar sobre esta información, estaba influyendo en forma determinante en el pensamiento y decisión de la población lectora (que creció sustancialmente debido justamente a los diarios y gacetas).

Tres fueron los legados más importantes que, desde la cátedra nos dejó:

El primero fue el riguroso manejo del idioma y el estilo que debe caracterizar a cualquier periodista. Su precisión al momento de escribir representa para todos quienes nos dedicamos a esta profesión un compromiso para seguirnos esmerando hasta alcanzar el mayor conocimiento posible del idioma que, día a día expresamos y que es herramienta fundamental para nuestra forma de vida. No es suficiente con tener la suficiente inteligencia para hacer un análisis coherente e informado del acontecer cotidiano; para que éste resulte efectivo y, sobre todo, comunique, requiere de un manejo adecuado del lenguaje. No en balde fue el primer periodista en ingresar como miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.
El segundo, es el rigor de su análisis. ¿Qué quiere decir esto? Sin más, la indagación que todo periodista debe tener en su haber casi como forma de vida. No hay conocimiento abundante sino lo que abunda es la ignorancia. Hay que ganarle a esta para poder tener todos los elementos posibles que hagan un análisis adecuado, objetivo pero sobre todo, ecuánime.
El tercer legado (que al menos yo recuerdo), es la congruencia profesional. Fue inflexible con el poder político aun a costa del cierre de su fuente de trabajo o la presión por publicar o no una nota e, incluso, de muchas amenazas que pusieron en riesgo su vida. Hasta la entrega de su última colaboración en el periódico “Reforma”, la avaló y legitimó.
El Barón de Laune (Robert Jacques Turgot), político francés del siglo XVI, escribió en 1750, en su “Cuadro Filosófico de los Progresos Sucesivos del Espíritu Humano”, algo muy sencillo que ejemplifica lo que dejó en mí Granados Chapa en nuestra coincidencia por la Universidad Nacional: “El principio de la educación, es predicar con el ejemplo”.

P.S. Los invito a escucharme todos los jueves de 19:00 a 21:00 hrs., (hora del centro de México), en mi programa de radio “Memorabilia” por www.radiocalania.com.

octubre 10, 2011

Estado Fallido


Mucho y muchos han escrito sobre la falibilidad del Estado mexicano. Muchos han caído en el calificativo sin detenerse a analizar si éste cae dentro de lo descrito como tal en su totalidad o es un Estado parcialmente fallido, me explico.

Siempre es útil tener a los clásicos en mente y empezar por ellos. Thomas Hobbes, escribió en su "Leviatán" (1651) que la función central e insustituible de las estructuras políticas es impedir el retorno al "Estado de naturaleza", que no es otra cosa que el regreso a la guerra de todos contra todos, donde ya no tiene sentido el valor de la justicia y sí en cambio el cómo superar el miedo y sobrevivir. La tarea central del Estado es entonces garantizar la vida y los bienes de sus súbditos (hay que recordar que Hobbes escribió esto a los 21 años del reinado de Carlos II en Inglaterra). Si la autoridad, decía Hobbes, incumple esta responsabilidad, entonces será una autoridad inútil, fallida e ilegítima.

Para Noam Chomsky (quien, les aseguro, no estaba pensando en México cuando hizo esta descripción), el término "Estado fallido" se popularizó por su uso en Estados Unidos a partir de los 90's. Bastaba con que el gobierno de Estados Unidos dijera que un Estado era fallido para considerar que el país en cuestión era incapaz de ejercer su soberanía y marcarlo como un "país problema" (Somalia, Afganistán), con todos los requisitos para ser justificadamente invadido. Chomsky acepta, de acuerdo con esta experiencia, que no hay una manera "formal" de declarar un Estado fallido pero propone dos indicadores: el primero, el predominio de un claro desdén por las normas legales internas e internacionales y, segundo, la falta de capacidad o voluntad de la autoridad para proteger a los ciudadanos de la violencia y la destrucción.

Adicionalmente, la fundación "The Fund for Peace" avecindada en Washington, propuso 12 indicadores (4 sociales, 2 económicos y 6 políticos) y elaboró una lista de 177 países asignándoles una calificación de más a menos Estados fallidos, siendo Somalia el número 1 y México (al menos hasta la fecha en que fue calificado) el 105. Los doce indicadores son:

Los 4 sociales:
- Presiones derivadas de la sobrepoblación
- Movimientos masivos de refugiados o desplazamiento interno de personas creando emergencias humanitarias complejas.
- Tradición de búsqueda de venganza entre grupos agraviados o paranoia colectiva.
- "Fuga de Cerebros" crónica y sostenida.

Los 2 económicos:
- Desarrollo económico desigual entre sectores de la población.
- Disminución económica sostenida y seria entre toda la población.

Los 6 políticos:
- Criminalización y deslegitimación del Estado (prevalece la corrupción).
- Deterioro progresivo de los servicios públicos (salud, educación, etc.)
- Suspensión o aplicación arbitraria de la ley y violación de los derechos humanos.
- Aparatos de seguridad o paramilitares que operan como un Estado dentro del Estado.
- Crecimiento de elites facciosas.
- Intervención de otros Estados o actores políticos externos al ámbito nacional.

Como se puede observar, en estricto sentido no todos los parámetros aplican, aun y cuando sea un hecho que de seguir así, poco a poco iremos reuniendo los requisitos que faltan.

Sin embargo todo tiene una explicación. Ser un Estado casi fallido se facilita cuando el Estado ha tenido, de 1929 a la fecha, gobiernos conniventes con la delincuencia.

Llegar a un Estado que no está –como nos dice Thomas Hobbs– garantizando ni la vida ni los bienes de su población, no es sólo culpa de las estupideces del presente, sino de las atrocidades del pasado. Una base de corrupción construida a lo largo de los últimos 70 años del siglo pasado y una base de represión homicida –sólo semejante a las dictaduras sudamericanas de los 60’s y 70’s–, creadas por un Estado ajeno y contrario a las demandas sociales de cambio y democratización, nos han llevado a lo que hoy vivimos.

Todos los Estados bien gobernados –decía Maquiavelo en El Príncipe–, y todos los príncipes inteligentes, han tenido cuidado de no reducir a la nobleza a la desesperación ni al pueblo al descontento.

octubre 03, 2011

Galimatías

La enfermedad del ignorante es ignorar sus propia ignorancia, decía el escritor y pedagogo estadounidense, Amos Bronson Alcott.

Amén del incremento de la violencia en diferentes ciudades del país en las últimas semanas (lo más sonado por cruento y porque dejó salir a flote toda la podredumbre de la clase política en Monterrey, fue sin duda el caso del Casino Royale), el Estado mexicano parece no sólo estar ausente de una voz que confiera coherencia –por no decir de una estrategia que la tenga–, al caos de declaraciones sin vocero y voceros autoerigidos opinando sobre el tema.

¿Falta de inteligencia o cinismo?
Uno de los primeros en salir a opinar (¿por qué no?), comentando que se hacía necesario pactar con el narcotráfico –luego se desdijo, pero ahí están publicadas sus primeras declaraciones para que no quede el mínimo margen de duda–, fue el ex presidente Vicente Fox, quien después en una serie de artículos publicados por El Universal, trató de matizar su desatino dando una serie de datos, no todos certeros, estableciendo un paralelismo inadecuado –desde mi punto de vista–, entre Colombia y México.

Sin que se nos pase que fue a Fox a quien se le escapó el “Chapo” de la cárcel (¿para “pactar”?), y que se trata del “capo” más buscado por la DEA y prácticamente por todas las policías del mundo, el hecho de que se atreva a opinar sobre el tema –sobre todo dejando el turbio panorama que dejó (“si la perra está amarrada, aunque ladre todo el día”, decían Los Tigres del Norte)–, revela no sólo su cinismo (prefiero pensar que el hombre no es tan ignaro), sino que deja al descubierto el enorme hueco de destreza política que existe en la administración de Calderón.

Un asunto de pericia
Porque una cosa es que la oposición (sobre todo el PRI porque es quien anda más encaminado a la presidencia de acuerdo con las preferencias del votante en todas las encuestas hechas hasta la fecha), le quiera meter goles al presidente y lo quiera cuestionar a poco más de un año de que acabe su sexenio –eso está presupuestado sobre todo en tiempos preelectorales–, pero que su antecesor, del mismo partido político que él, no sólo le cuestione su programa más importante de gobierno (que, por supuesto, no es el más efectivo), sino que además deje ver que no debiera verse con malos ojos el regreso del PRI a Los Pinos, es de alarmar.

O se trata de una vieja deuda por cobrar o todos los peyorativos que se han dicho del ex presidente son totalmente ciertos. A eso se suma que quien debe llevar la parte fina de la política de esta administración no ha existido en todo lo que va del sexenio porque, simplemente, no ha sabido cómo controlar las opiniones que salen de su propio partido político.

Por si hiciera falta
Además de todo lo anterior, todo esto coincide con el mensaje que con motivo de su quinto informe de gobierno pronuncia Calderón, de la mano de la pauta de publicidad sobre los logros de su gestión y acompañada, también, de una serie de entrevistas “a modo” por parte de la televisión abierta.

Sobre la publicidad, decir que no es comunicación política y que además es insuficiente, insulsa, poco efectiva en formato y en contenido, y que no termina por sostener un mensaje que debiera enfocarse mucho más a lo que le preocupa a la gente y no a temas que, aunque importantes, no generan votos, no es novedad.

Sobre la campaña informativa a través de las citadas entrevistas, decir que no fueron a fondo, que el presidente mostró además de su “mecha corta” y su cortedad en otros aspectos (al decir, por ejemplo, que si le sacan dos armas el saca tres), tampoco es novedad. Esta falta de estrategia comunicacional la ha venido demostrando la presidencia una y otra vez a lo largo del sexenio.

Para rematar
Sumado a lo ya expuesto, el partido en el poder, el PAN, cuenta al día de hoy que escribo esta columna con cuatro aspirantes a la presidencia (seguramente cuando esta columna salga a la luz, serán sólo tres). El asunto, diría Shakespeare, no radica en ser o no ser precandidato, sino con qué se quiere serlo y cómo no intervenir en este enredo.

Tanto Ernesto Cordero, como Santiago Creel y Josefina Vázquez Mota (los que quedan del contendiente más débil), tienen su punto de vista sobre la estrategia presidencial y aunque la han expuesto (salvo Cordero), queriendo estar de acuerdo con ésta, la verdad no pierden la oportunidad de decir que tiene que mejorarse.

En fin que, a poco más de un año que Calderón deje la presidencia, la ignorancia sobre este tema y muchos otros avanza y no se le ve salida a absolutamente nada.

“La ignorancia es la madre de todos los crímenes. Un crimen es, ante todo, una falta de raciocinio”, decía Balzac.

septiembre 06, 2011

Baja Calificación

Un viejo proverbio italiano dice que una onza de reputación vale más que mil libras de oro.

Basados en lo que podría llamarse un gran desacuerdo político entre demócratas y republicanos (pasando por la necedad del Tea Party) por aumentar el techo de la deuda pública de Estados Unidos, el pasado 5 de agosto la calificadora Standard & Poor’s degradó la nota de esta deuda de “AAA” a “AA+”, lo que ha traído como consecuencia un continuo desequilibrio en los mercados de todo el mundo.

Muchos especialistas, entre ellos el presidente de la Bolsa Mexicana de Valores, han manifestado que la medida de esta calificadora ha sido no sólo equivocada, sino que ha rayado en lo arrogante.

Al filo de la navaja

¿Por qué ha hecho esto Standard & Poor’s (S&P)?

Oficialmente, esta baja refleja la opinión de la calificadora por la posibilidad de que el gobierno estadounidense interfiera en la capacidad de los emisores de los sectores público y privado, al adquirir las divisas necesarias para el pago del servicio de deuda, aduciendo además que el prolongado debate sobre el aumento al techo de endeudamiento, con su correspondiente debate sobre la política fiscal de Estados Unidos, hace poco probable que este país logre avances adicionales en el corto plazo para contener el gasto público, principalmente en lo concerniente a los beneficios de seguridad social o a alcanzar un acuerdo sobre el incremento de los ingresos vía impuestos.

No sólo eso, sino que advierte que la perspectiva de calificación a largo plazo es negativa dado que, de seguir aumentando la deuda pública, podría darse el caso de bajar nuevamente la calificación o que, en el mejor de los escenarios, Estados Unidos tardará cuando menos nueve años en recuperar su calificación triple A.

La controversia

Lo que S&P hace difundiendo su calificación, tiene puntos de similitud (que no de identidad), con lo ocurrido en 2009 cuando el ex secretario de la Reserva Federal, Alan Greenspan dejó ver una filtración de información comprobable sobre algunas prácticas muy poco éticas de agencias especializadas en IPR (Investor Public Relations). Recordemos que estas agencias son un área especializada de las Relaciones Públicas que tienen como propósito aumentar el valor de las acciones de una empresa emisora y reducir sus costos de capital incrementando la confianza de los inversionistas y accionistas.

La semejanza radica, en este caso, en el golpe mediático buscado y, desde luego, conseguido. En una demostración de poder en donde una calificadora no sólo pone en riesgo a la principal potencia económica mundial sino que, de paso, pone a bailar al mundo al son que quiere tocar.

El asunto, sin embargo, se torna un tanto escabroso –a decir de una gran parte de expertos entrevistados en diferentes medios–, debido a que, dicen, se trata de un golpe desesperado por ganar credibilidad, dado que la reputación de S&P se ha venido deteriorando año tras año entre los grandes inversionistas, debido a las perspectivas emitidas por esta calificadora desde 2006 a la fecha, las cuales no han tenido, ni con mucho, una visión acertada de las diferentes realidades económicas de los países a quienes han calificado.

No es la primera vez, dicen los expertos, que S&P califica los procesos políticos de un país más que las condiciones de su economía.

¿Esto implica una recesión?

Si nos vamos a una definición exacta de lo que es la recesión –que dice que es un periodo mayor a doce meses en que el Producto Interno Bruto es negativo (el “catarrito” en México fue un ejemplo de economía recesiva)–, la preocupación se desvanece al menos en el corto plazo.

La mayoría de consultoras macroeconómicas en México dan para nuestro país, pese a la calificación de S&P a Estados Unidos como país y a sabiendas de lo que nuestra economía depende de la del norte, un crecimiento de entre 3.5 y 4%; y lejos de hacerlo por nacionalismo u optimismo desmedido, lo hacen porque están viendo que, al menos en nuestro país, hay buen manejo de reservas, gasto público controlado (pese a todo) y, lo más importante, confianza en el inversionista.

De confirmarse que una calificadora –entre otras que ya lo han hecho– está jugando el peligrosísimo juego de reposicionarse con golpes mediáticos (y financieramente devastadores) o tomando partido en la lucha política por la definición económica de un gobierno o por la continuidad del mismo, estaríamos de nuevo, y con más elementos, frente al viejo debate de la autoridad moral de las calificadoras y de buscar, con más denuedo, quién las calificará a ellas de ahora en adelante.

“Cuida tu reputación no por vanidad, sino para no dañar tu obra y por amor a la verdad”, decía el suizo Henri-Frédéric Amiel.

La Revolución

  por Manuel Moreno Rebolledo Con 110 años de edad, la Revolución Mexicana –impulsada por la pequeña burguesía de la época y con un ideario...