marzo 31, 2015

Semana Laica


Por Diego Valadés

Para el periódico REFORMA


 (31-Mar-2015)


La semana conocida como santa, por las celebraciones litúrgicas de la iglesia católica, forma parte de una tradición que hunde sus raíces en la edad media. La pascua es considerada la más antigua festividad cristiana y en 325 el Concilio de Nicea decidió que se celebrara a partir del primer domingo de plenilunio que siga al equinoccio de primavera.

Se ha tenido el cuidado de no convertir la celebración religiosa en feriado nacional. No es el caso de otros países de nuestro hemisferio, en varias de cuyas constituciones subsisten normas confesionales, ni lo fue durante mucho tiempo entre nosotros. Desde la independencia y hasta 1857 la religión católica era la única permitida en el país y durante largo tiempo incluso fue obligatoria. En la Constitución de ese año se suprimió la religión de Estado, gracias a la decisión de los constituyentes liberales, casi en su totalidad católicos. Este hecho es importante porque demuestra que el laicismo mexicano no es contrario a ningún credo.

¿Cómo se inserta una solemnidad religiosa en el contexto de un Estado laico? Los días jueves y viernes de esta semana no figuran entre los de descanso obligatorio establecidos por la Ley Federal del Trabajo; corresponden a una festividad que la tradición volvió vinculante en virtud de que el culto católico es mayoritario entre la población mexicana. En el país hay muchos feligreses de otras religiones abrahámicas, pero son minorías que limitan sus celebraciones a su ámbito comunitario.

El célebre historiador Albert Mathiez estudió (Los orígenes de los cultos revolucionarios) el esfuerzo realizado por los revolucionarios franceses para secularizar la vida social, adoptando incluso un calendario que suprimía toda referencia a las tradiciones religiosas. Pero los revolucionarios, entre los que figuraban muchos clérigos, estaban conscientes de que "ni los papas ni los siglos" habían podido desplazar el día de pascua, cuyo origen está en la antigüedad: en esa fecha los egipcios celebraban la resurrección de Osiris y los persas la de Auhra Mazda, por ejemplo.

Así como los revolucionarios advirtieron que la pretensión de alterar ciertas tradiciones era inviable, intentarlo hoy en los Estados constitucionales sería contrario a la libertad. Pero se puede plantear asimismo otra cuestión: que las tradiciones religiosas se preserven pero no a expensas de la laicidad.

La laicidad del Estado mexicano se perfiló desde el siglo XIX y aún no se consolida. El impulso más reciente corresponde a las modificaciones, en 2012 y 2013, a los artículos 40 y 24 constitucionales. De manera expresa México es un Estado laico donde existe el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de convicciones éticas y religiosas. Pero la práctica no ratifica esas normas.

Numerosas autoridades políticas han contravenido el ordenamiento constitucional consagrando los estados o los municipios que gobiernan a la deidad de sus preferencias. Además, las medidas adoptadas en 2009 por las autoridades de salud, prohibiendo que en los hospitales federales las mujeres ejerzan su derecho constitucional a la terminación anticipada del embarazo, fueron consecuencia de la presión clerical y no han sido revocadas después de las reformas constitucionales. Son hechos graves.

La religiosidad es un derecho individual. En un Estado constitucional los criterios religiosos no se deben adoptar como norma jurídica, porque eso equivaldría a su obligatoriedad. Las normas son susceptibles de aplicación coactiva y el Estado monopoliza esa facultad: por lo mismo, no la comparte con ninguna otra corporación. Además, en materia religiosa ni siquiera las iglesias deben ejercer coerción sobre sus feligreses.

Muchos dirigentes políticos se pliegan ante el alto clero con la intención de obtener votos, o por el riesgo de perderlos. Tal vez algunos incluso lo hagan por convicción. Ninguna de esas razones es compatible con un Estado laico; quienes así proceden contravienen la Constitución.

Consolidar el Estado laico todavía llevará muchos esfuerzos. La primera generación de liberales, encabezada por Valentín Gómez Farías, inició el proyecto reformador en 1833. Ha sido un camino largo y sinuoso; seguimos trabajando para alcanzar el objetivo deseado, pero quienes se oponen también están activos.

La secularización es un proceso histórico en el que participan creyentes, agnósticos y ateos. La semana es de oración para unos y de reposo para otros. Santa o laica, según cada quien, con respeto y en libertad.


@dvalades



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