febrero 20, 2014

Debido Proceso

Por muchos años nos han hecho creer que el sistema judicial de Estados Unidos es no sólo infalible sino justo. Debido quizás a un ejercicio de argumentación falaz "Ad Populum” tendemos a creer que es cierto porque así lo cree la mayoría.
Mal debe andar un sistema de justicia cuando la base de sus top rated shows –más horas y horas de programación–, se dedican a mostrar las bondades de dicho sistema. Usando el mismo criterio, estaríamos ante un clásico “dime de qué presumes y te diré de qué careces”.
Pero como decía Publio Sirio en una de sus máximas morales “el juez es condenado cuando el culpable es absuelto”, refiriéndose al estado de credibilidad de quien juzga cuando, en un juicio a su cargo, el responsable de un delito queda absuelto por un mal fallo o por un proceso deficiente.
El debido proceso es un principio fundamental del sistema de justicia en prácticamente todos los países. Bajo este precepto, el Estado debe respetar todos los derechos legales que tiene una persona ante la ley cuando ésta es acusada de un delito, dándole un mínimo de garantías que aseguren un resultado justo dentro del proceso judicial, que va desde la detención hasta el juicio.
En ese sentido, la fiscalía o la parte acusadora, debe seguir un procedimiento que garantice el debido proceso (en la detención, acusación, recopilación y presentación de pruebas) que dejen patente que un acusado no es culpable hasta que se demuestre lo contrario. Esto apoya, en mucho, el concepto de imparcialidad.
Pero quien crea que esto forma parte de una utopía en países como el nuestro, lo animo a observar como este debido proceso se efectúa en países con un alto índice de inmigración. No, no sólo pasa en Estados Unidos. Pasa en toda la franja de países mediterráneos y, escalofriantemente, en la Alemania de Angela Merkel. Pero eso es sólo con la parcialidad de los juicios y la no aplicación del debido proceso.
En cuanto a la pena de muerte en Estados Unidos (que junto con Japón son los únicos países industrializados y demócratas que la sentencian), el criterio anti-inmigrante no es una regla que aplique. La doctrina acerca de la constitucionalidad de la pena de muerte es la de la sentencia de la Corte Suprema en el caso Gregg vs. Georgia, de 1976, en la cual, el Alto Tribunal declaró por una mayoría de siete votos a dos que este castigo tenía cabida constitucional en los casos de asesinato, al no violarse la Octava Enmienda de la Constitución.
Desde entonces (1976), se han ejecutado a 1,362 personas (entre ellas el mexicano Edgar Tamayo), y están en espera de cumplir con esa misma sentencia cerca de 3 mil reos más. Desde esa fecha, han sido 17 latinoamericanos los ejecutados (contando a Tamayo) y son 96 los latinoamericanos de los 3 mil que esperan la sentencia, de los cuales 58 son mexicanos o de origen mexicano. Un español también se encuentra en espera de ser ejecutado.
En 2005, gracias al caso Ropper vs. Simmons la corte falló en que era inconstitucional la ejecución de menores de edad. No obstante, hasta ese año, no se salvaron de este castigo 22 menores.
El tema de la pena capital es un asunto muy espinoso y debe ser analizado desde muchos ángulos y a partir de diferentes contextos. Intervienen en el tema ópticas que van desde la religiosa hasta la económica o desde la ética hasta la administrativa.
Desde quien piensa que una vida humana es sagrada sin importar el mal que haya provocado hasta quien ve el asunto en términos mucho más prácticos, sosteniendo (no sin razón) que no sólo no hay sistema penitenciario que reforme al individuo, sino que lo deja peor –liberar a alguien así sería un suicidio; dejarlo dentro, sería cargarle el costo administrativo a los contribuyentes–. Pero eso es harina de otro costal y el tema deberá ser analizado con mucha cautela.
Volviendo al tema de las ejecuciones en Estados Unidos, en el 90 por ciento de los casos de sentencia que han llegado a la Suprema Corte vía apelación (que son más de 500), ha habido fuertes indicios de fallas en el debido proceso de acuerdo con la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard.
En México, son incontables los casos de apelación debido a que no se lleva un debido proceso tomando en consideración valores como la imparcialidad y la equidad. Así, tuvimos en la cárcel por siete años (de una sentencia de 22) a Adriana Manzanares; a otra mujer que purga una condena en prisión por haber pagado con un billete falso de cien pesos; a Teresa, Alberta y Jacinta, las indígenas hñähñú quienes pasaron tres años en prisión por los delitos de ser mujeres, ser pobres y ser indígenas (hace unos días la PGR pidió perdón mientras ellas exigían respeto); y a muchos otros que están por no contar con el debido proceso.
En ese contexto –independientemente de que estemos a favor o en contra de la pena capital–, que el gobierno mexicano proteste ante el gobierno de Estados Unidos por el incumplimiento del debido proceso es, cuando menos, cínico. Está viendo la paja en el ojo ajeno.
Tanto en México como en Estados Unidos, aplica la vieja sentencia del Talmud: “Desgraciada la generación cuyos jueces merecen ser juzgados”.
Así de desesperanzador, así de triste.

febrero 14, 2014

San Valentín

En 1957, Cary Grant y Deborah Kerr protagonizaron uno de los filmes más cursis (al menos desde la generalización de la mirada masculina) que ha producido Hollywood y que sirvió no sólo para explotar las posibilidades lacrimógenas de una industria, sino para potenciar comercialmente uno de los días más importantes para el mercado neoyorquino y la economía estadounidense en general: El día de San Valentín.

Los esfuerzos en comunicación (sobre todo en Publicidad, Punto de Venta y Relaciones Públicas) que para esta fecha hacen las cadenas comerciales en todo Estados Unidos –especialmente en Nueva York–, son más importantes que los efectuados para el Día de Acción de Gracias y aunque la inversión para atraer más compradores a las tiendas sigue creciendo, de acuerdo con la National Retail Federation de Estados Unidos, de diez años a la fecha las compras realizadas para el día de San Valentín en Nueva York han caído en un 24% promedio y estas siguen a la baja.

El título, sin embargo, no trae a colación recordar las cifras de ventas del 14 de febrero en Estados Unidos, Sino lo que se convirtió en una de las peores historias de Relaciones Públicas (sí, así les podemos llamar aunque sirva a intereses poco honestos –hay políticos que hacen cosas peores–), y que tiene que ver con el 14 de febrero:

Iniciando 1929, en Chicago, la pandilla O’Banion quería dejar de ser parte del clan de Al Capone. Bugs Moran, quien llegó a ser su nuevo jefe, empezó a competir contra la organización de Capone moviéndose dentro de algunas áreas de interés que tenía Capone, tendiendo una serie de emboscadas en contra de éste y de algunos miembros clave de su banda.

Peor aun, Moran conciente de que Al Capone quería mantener una imagen pública limpia, aprovechaba cualquier oportunidad para atacarlo a través de los mismos medios que, en una porción muy importante, eran pagados por el gángster más recordado de todos los tiempos. Esto provocó en Capone una ira casi incontrolable que tuvo que apaciguar para no atraer una aversión popular hacia su organización. Para zafarse, Capone decidió tomarse unas vacaciones en Florida. Sin embargo, resolvió mantenerse en contacto frecuente con Chicago para seguir atento a la situación con Moran.

Con la mitad de la policía y jueces de Chicago en la bolsa, Capone creyó que lo mejor era eliminar a Moran mientras él se encontraba “a salvo” del escrutinio público en Florida. Para esto, buscó que toda la prensa que se encontraba a su disposición, publicara información sobre su propiedad en Florida y sobre los gastos que para mejoras y remodelaciones había hecho su esposa; con lo que buscaba crear la idea de que estaba completamente ajeno a los asuntos de Chicago.

Buscando una fecha apropiada para tratar con Moran, Capone sugirió que fuera el día de San Valentín en el que el “Dr. Thompson” le entregaría un regalo a Moran de su parte.

El 14 de febrero, miembros de la banda de Moran fueron a un garage que operaba como bodega en la calle Clark a esperar un cargamento de licor, mismo que debía ser personalmente inspeccionado por Moran para definir su distribución. Moran, quien había parado por un café, llegó minutos tarde y, mientras se aproximaba al garage, vio un carro de policía estacionado frente al lugar. Percibió que un ataque se estaba perpetrando y se alejó del lugar lo antes posible.

Cuatro hombres entraron al garage, dos en uniforme de policía y otros dos de civil. Testigos que vivían cerca del lugar, declararon después que escucharon el tronar de un neumático y dos estallidos de escape de auto. Luego se abrieron las puertas y dos hombres vestidos de civil salieron con las manos en alto, seguidos por los uniformados quienes les iban apuntando con sus armas.

La mayoría de la gente que vio esto, pensó que se trataba de otra redada, lo que era muy normal en esa área. Los cuatro hombres se metieron en el automóvil y partieron del lugar.

Por un rato, todo permaneció quieto hasta que un perro, dentro del garage, comenzó a aullar. Los aullidos continuaron por un tiempo hasta que uno de los vecinos fue hasta el lugar para hacer algo que callara al perro. El vecino corrió fuera del garage y llamó a la policía para informarles que se había topado con una masacre.

Inmediatamente corrió la voz de que había sido obra de Capone y, aunque gran parte de los periódicos de Chicago manejaban el tema como un pleito de pandillas ajenas a éste, nunca pudieron distraer o acallar la corriente de opinión popular.

En 1959, el cine también refirió este episodio aunque de una manera deliciosamente cómica en “Some Like It Hot”, protagonizada por Tony Curtis y Jack Lemmon, con la increíble Marilyn Monroe. 

diciembre 29, 2013

La Izquierda en su Laberinto

Como evolución natural del Humanismo, la izquierda –por definición–, debiera estar motu proprio siempre en revisión y buscando tener la más intensa de las autocríticas. Ese simple precepto es el que determina su acción y su importancia. Todo aquel que tenga el mínimo conocimiento de teorías sociales reconoce la importancia del pensamiento humanista.

La izquierda de partidos en México –y creo que podría extenderlo a gran parte de América Latina–, está siendo víctima de su propia confusión, de no avanzar en los términos en los que el mundo se mueve y pasa por un caos ideológico que, irónicamente, la ha vuelto antidemocrática (los ejemplos de Cuba, Venezuela y recientemente la búsqueda frustrada de reelección indefinida en Argentina pero con posible éxito en Nicaragua lo demuestran).

No pocos fuimos los que testificamos y celebramos in situ la revolución por derrocar una dictadura en Nicaragua y azorados (y claro, desilusionados), estamos viendo como algunos líderes de ese mismo movimiento ahora buscan la perennidad que combatieron. Síndrome que se repite en seis de nueve países latinoamericanos.

En México, hay una enorme confusión provocada por quienes, desde la política, se han autoproclamado de izquierda y que ha creado paradigmas completamente erróneos, me explico:

La formación cívica mexicana ha sido propuesta no con una ideología de izquierda sino con un llamado “nacionalismo revolucionario”, que podría eventualmente tener alguna conexión con una percepción de izquierda pero que –definitivamente y yendo más al fondo de esa idea–, alienta una cultura terriblemente conservadora y en muchos sentidos hasta reaccionaria.

Sería contradictorio asociar cualquier discurso nacionalista con una tradición de izquierda y, con respecto al discurso revolucionario, que sí tiene una obvia afinidad, se encuentra varado en formas de ver esta ideología que nada tienen que ver con el ritmo de los tiempos aunque esto dé pauta para decir una obviedad: hay tantas izquierdas en nuestro país que lo que podría juzgarse es cuál de ellas puede insertarse en un mundo como el que estamos viviendo. Esa realidad no permite romanticismos inviables ni nostalgias de lo absurdo.

La izquierda –por definición también–, debe buscar la veracidad sobre toda realidad y no tratar de engañar prometiendo paraísos que nunca fueron posibles y que se han ido cayendo llevando consigo miseria, represión y haciendo evidentes los peores lastres sociales. Parte de incentivar la justicia social que persigue esta ideología es precisamente fomentar nuevas ideas para alcanzarla.

Sin embargo y en buena medida debido a tanta infiltración de tránsfugas del sistema madre de la política mexicana, la izquierda en nuestro país (en términos muy generales), está atrapada en una cultura y una ideología que conjuga elementos del autoritarismo con argumentos octogenarios que no acaba de resolver.

Por un lado, la izquierda (de ahí su falta de revisión y autocrítica), se sigue viendo a sí misma como oposición cuando es desde hace década y media también gobierno. Nunca la izquierda mexicana había tenido tanta presencia en los poderes de la República como el día de hoy. La izquierda (cuando menos la de partidos) está en las instituciones del Estado pero se sigue diciendo a sí misma que el Estado es el Ejecutivo, y que mientras no consiga la presidencia sigue creyendo que no tiene nada. Eso no sólo la paraliza sino que termina por paralizar al país completo.

Su obsesión por identificarse con los más añejos símbolos de la historia oficial raya en lo absurdo pues las decisiones más importantes, aquellas que pueden definir el futuro de generaciones, las siguen sustentando en decisiones que respondieron a contextos muy particulares que ya nada tienen que ver con la época que nos está tocando vivir. Por eso es que la izquierda de partidos resulta una fuerza política que se ancla para oponerse al cambio creyendo que la negativa a todo lo que venga del gobierno es una alternativa real de transformación.

En ese sentido, debe reivindicar una práctica que nadie mejor que la izquierda puede reclamar como propia: el ejercicio de la razón y de la deliberación. Desde la izquierda es necesario recuperar también el sustento y la construcción de la democracia liberal y un imprescindible anhelo de modernización. Algo con lo que sus liderazgos (todos) parecen estar peleados.

Un acercamiento serio con la academia no le vendría nada mal. La izquierda que por tradición ha tenido ideólogos hoy no tiene intelectuales que le den sustento al debate sobre el rumbo que debe tomar. López Obrador (por hablar de una personificación que acumula un número importante de votos), vuelve explícita la desnudez cultural y la inmadurez civil de esa izquierda que no deja de ser clientelar.

Esta izquierda debe aprender a vivir en el presente y el presente necesita ser interpretado. Los intelectuales son (al menos desde mi perspectiva) esa conciencia que obliga a reconocer dónde están los problemas, a revisar los errores del pasado con verdadero sentido autocrítico y a proponer opciones. Los intelectuales no ensalzan: cuestionan.

En México, López Obrador junto con toda la izquierda partidista –sin reflexión de por medio y sin rubor–, hizo suyas las ideas de un populismo conservador y comenzó a enarbolar las banderas del nacionalismo priísta.

Así, sin la vergüenza propia del conocimiento.

Perspectiva

Pensando en un año como fue 2013, decía Françoise Sagan (escritora y cineasta fallecida hace apenas nueve años e integrante de la llamada Nouvelle Vague) en su novela Golpes en el Alma, que sólo cerrando las puertas que quedan detrás de uno, se pueden abrir ventanas hacia el futuro. Preocuparse por los tiempos que vienen es –en legítima defensa–, una ocupación adicional a las muchas que debemos tener para concretar acciones que nos permitan vaticinar que “ese” futuro siempre puede ser mejor.

Hace tiempo, Merca2.0 me invitó a participar en una encuesta sobre algunos aspectos que en nuestro ámbito de acción se preveían para el siguiente año. Me aventuro a vaticinarlos para este año:

Cinco características que debe tener un mercadólogo:
a) Conocimiento profundo del entorno y su impacto en los mercados.
b) Propuestas que apoyen el crecimiento del país.
c) Más conocimiento sobre las posibilidades que las IMC’s le ofrecen.
d) No tener en mente premios de publicidad: los premios no generan consumidores ni hacen ganar dinero.

Jerarquización de disciplinas de mercadotecnia (en función de resultados):
1. Comunicaciones Integradas
2. Relaciones Públicas
3. Promociones y otras actividades BTL
4. Investigación
5. Publicidad

¿Por qué?
Se ha demostrado que una adecuada combinación de disciplinas bajo una misma estructura de trabajo creativo y operativo, aportan mayores beneficios para los clientes y un esquema mucho más rápido de recuperación de la inversión; esto sólo es posible lograrlo a través de un esquema de integración. Por otra parte, y dado que el consumo no tendrá un crecimiento óptimo, el trabajo comunicativo deberá enfocarse más en el awareness y en el acercamiento directo con el consumidor o usuario, que centrarse en una sola disciplina.

¿En qué consistirá un buen mix de medios? ¿Cuáles son los medios que más ayudarán a una marca y por qué?
Es difícil definirlo pues depende mucho de cada marca y del sector al que vaya dirigida. Por ejemplo, las marcas de lujo deberán considerar un mayor impacto a través de Internet, de medios escritos especializados, así como con presencia, patrocinio y organización de eventos donde la marca sea protagonista. Por otro lado, si se trata de marcas de consumo masivo, los canales de distribución ofrecerán mayores posibilidades de acercamiento con el consumidor, lo que seguramente los convertirá en el medio más buscado; aparte de éstos, una buena mezcla se lograría utilizando además, en ese orden, medios exteriores, participación en eventos públicos masivos y medios electrónicos –principalmente radio–. Ahora que, si de lo que se trata es de un lanzamiento, la mejor opción sería la publicidad televisiva, siempre acompañada de publicities, radio, medios impresos, exteriores e Internet.

Es imprescindible recordar que es un año con Mundial de Futbol, eso ofrece –aunque a tarifas muy altas–, grandes posibilidades de exposición a través de la TV abierta.

Cinco aspectos que una agencia de publicidad deba tener para ofrecer un mejor servicio al anunciante:
1) Entender que la creatividad debe responder a una metodología de trabajo que forzosamente debe incluir conocimiento y cultura. Una organización de comunicación, sin un parámetro adecuado de cultura general entre su personal, no tiene segundas oportunidades.
2) Debe reconocer las limitaciones propias de su trabajo y tener la honestidad necesaria para decirle a un cliente sólo lo que la publicidad puede hacer por él.
3) Debe prepararse, desde la cabeza de la organización, para enfrentar los nuevos retos de calidad comunicativa contra presupuesto.
4) Debe preparar cuadros para ser capacitados en la integración de disciplinas de comunicación, para ser competitivos a largo plazo.
5) Su trabajo creativo debe enfocarse a la transmisión de emociones.

Tres cosas para las que no sirven las redes sociales:
1. Para establecer relaciones duraderas (tanto personales, como marca-cliente).
2. Para el diseño de comunicaciones formales.
3. Para manejar información estática. La dinámica de sus contenidos será esencial.

El gran escritor científico Arthur C. Clarke, autor de 2001 (llevada magistralmente al cine por Stanley Kubrick), decía irónicamente que el futuro ya no es lo que era, y tenía razón. Hasta hace relativamente poco, existía la falsa creencia de que la publicidad era condición para una comunicación comercial exitosa. Las opciones que tanto las nuevas tecnologías como la imaginación de comunicólogos y mercadólogos, así como la investigación social, e incluso las crisis nos han traído, refuerzan la idea de que la publicidad es sólo una disciplina más (igual de importante pero igual de prescindible), dentro de una estrategia de comunicación integral.

TLCAN a 20 años

El próximo 17 de diciembre, se cumplen 20 años de la firma oficial del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN), que entraría en vigor el primero de enero de 1994 y que al día de hoy –y no obstante la incredulidad de muchos y la necedad del nacionalismo revolucionario más radical y su tenencia permanente de “otras cifras”–, le ha arrojado mejores dividendos a México que a sus otros dos socios comerciales.

El camino de este acuerdo fue muy largo y no empezó con Carlos Salinas como muchos piensan.
Desde que Reagan anuncia su candidatura presidencial en noviembre de 1979, ya propone un acuerdo norteamericano que toma forma hasta que él ya es presidente, en enero de 1981, cuando propone la conformación de un “mercado común norteamericano” y que comienza su concreción hasta 1984, cuando el Primer Ministro canadiense, Brian Mulroney se entrevista con Reagan y promete estrechar los lazos (comerciales) con Estados Unidos.

Para octubre de ese año, el Congreso de Estados Unidos adopta el Trade and Tariff Act, una ley comercial que habilita al presidente a conceder beneficios comerciales y establecer acuerdos bilaterales de libre comercio por la libre, es decir, sin pedir permiso.

En 1985, Mulroney anuncia que Canadá negocia un acuerdo de libre intercambio con Estados Unidos mientras que Reagan le informa oficialmente al Congreso su intención de negociar un tratado de libre comercio con Canadá vía Fast Track, (autoridad de promoción comercial) que es un proceso legislativo acelerado que obliga al Senado a pronunciarse durante un plazo no mayor a 90 días sobre la ley de un acuerdo comercial negociado por el Presidente.

Estas negociaciones comienzan en 1986. En los años siguientes se concluye el Acuerdo de Libre Comercio entre Canadá y Estados Unidos en Washington; se firma el Acuerdo y finalmente entra en vigencia en enero de 1989.

Prácticamente al mismo tiempo (1987), Estados Unidos firma un acuerdo económico con México y en 1990, George Bush y Carlos Salinas respectivamente, informan que habrá negociaciones bilaterales a fin de liberalizar el comercio entre México y su vecino. Un mes después, Salinas le propone formalmente a Estados Unidos la negociación de un Acuerdo de Libre Comercio. Las negociaciones por este tratado, a pedido de Canadá, se vuelven trilaterales en 1991.

En abril de 1992 Canadá y México firman un protocolo de acuerdo sobre proyectos de cooperación laboral.

En agosto de 1993, se firma un acuerdo de inicio sobre el TLCAN. El 7 de octubre, el ministro canadiense Michaël Wilson, la embajadora estadounidense Carla Hills y el secretario mexicano Jaime Serra Puche realizan una segunda firma en San Antonio, Texas. Sin embargo, es hasta el 17 de diciembre de ese año cuando se realiza la firma oficial por los dos presidentes –México y Estados Unidos– y el Primer Ministro de Canadá.

A mediados de los 90 y debido a la crisis económica en México, los países del Tratado elaboran una serie de acuerdos para ayudar financieramente a México con una colaboración en el pago de garantía a los ingresos de las exportaciones de petróleo.

Sin embargo, hace 20 años como ahora, las críticas del nacionalismo revolucionario mexicano iban en torno a preservar un proteccionismo comercial que en nada beneficiaba al consumidor y sí a aquellas empresas indispuestas a instalar en sus procesos de trabajo, controles de calidad que las llevaran a ser competitivas en un marco global. Quienes estaban en contra del acuerdo –además de manifestarse en las calles casi como lo hacen ahora con la Reforma Energética–, generaron una expectativa muy diferente a su propósito original: difundieron la idea de que el gobierno había prometido que con este Tratado, la población mexicana igualaría su calidad de vida con la de Canadá o Estados Unidos; nada más ridículo.

En realidad no había muchas opciones. O México entraba al ámbito global de competencia o estaría condenado a ser una ínsula donde el eslabón más importante –el consumidor de productos y servicios–, estaría sujeto a la oferta y no al revés, como en todo el mundo.
Al día de hoy, el TLCAN ha representado un enorme beneficio para México, ha generado un superávit comercial constante sobre Estados Unidos y Canadá, al grado que al término de 2012 (con recesión norteamericana incluida), México obtuvo un superávit comercial sobre Estados Unidos de 61,322 millones de dólares, el tercero más alto del mundo después de China y Japón, y superior al de Canadá, que se ubicó en 31,803 millones de dólares.

Esto nos arroja varias conclusiones, una de ellas sin embargo, es de resaltar: Estados Unidos no es el enemigo (pese a lo que nos han hecho creer tanto ayer como hoy), el enemigo –comercialmente hablando, por supuesto– es China, quien ha ido incrementando sus exportaciones a Estados Unidos en mucho mayor número que México. Créanlo o no, así está la competencia; palabra con la que no se quieren involucrar quienes quieren que el Estado siga como el gran proveedor, extendiendo la mano sólo para recibir.

Pero como decía el novelista y poeta inglés Aldous Huxley, en la mayoría de los casos la ignorancia es algo superable.

Así, clarito y sin prisa.

Alimentos Transgénicos

No podemos negar –por más que nos empeñemos en ello–, que todo avance de la ciencia se debe principalmente a que el ser humano posee una imaginación muy audaz y un espíritu de aventura realmente indómito. Pensar siquiera que el avance científico –por sí mismo–, tiene propósitos aviesos es caer en los mismos errores en los que cayó, por ejemplo, la Santa Inquisición.

Un siglo antes de Platón, Heráclito –el jónico–, decía que la salud humana es un reflejo de la salud de la tierra. Nada más profético y nada más cierto. La salud del hombre (la social, la psicológica y la fisiólogica) han dependido de los beneficios que la tierra le ha dado o de cómo el hombre la ha modificado para poder servirse de ella. Desde que el hombre es sedentario (en el Neolítico) ha modificado la naturaleza para ponerla a su servicio.

Diez mil años después, nos encontramos discutiendo sobre los posibles daños que los alimentos transgénicos –u organismos genéticamente modificados– podrían hacerle a la naturaleza, al ser humano y (no se ría), a la “soberanía” de las naciones. Diez mil años después de que el hombre modificó la primer espiga de trigo para cultivarla manualmente y cuando menos dos mil trescientos años después de que la Gran Triaca fuera creada y utilizada por Galeno, para comenzar ese gran viaje de modificaciones genéticas que ha sufrido el cuerpo humano, se sigue privilegiando en el debate el posible (y seguramente temporal) perjuicio, por encima de los enormes beneficios que la ciencia nos ha legado.

El ser humano es una pequeña muestra del ser modificado genéticamente. Todos los medicamentos a lo largo de la historia han cumplido una misión: preservar la salud y predisponer el ataque a cualquier enfermedad, desde una vacuna hasta una quimioterapia. No veo a nadie que no quiera vacunar a sus hijos contra la influenza, por citar sólo un ejemplo, debido a que esa vacuna va a generarle las defensas apropiadas a su cuerpo para no enfermar, es decir, va a modificar la química del cuerpo con un propósito claro: preservar su salud.

Es preciso reconocer que en todo este camino la ciencia se ha enfrentado a tres enemigos muy poderosos: la metodología de prueba y error (enemigo que ha sorteado con mucho éxito tomando en consideración un balance general); las personas que abiertamente y con propósitos fundamentalistas se han interpuesto en su desarrollo (y que han generado los episodios más tristes en la evolución humana); y la política, que en forma indirecta genera (y a veces patrocina) tantas teorías de la conspiración como hechos registrados. Nadie encuentra una historia truculenta (o nadie se ha empeñado en sacarla) tras el descubrimiento del Bosón de Higgs aunque su investigación la patrocine Intel (un verdadero monopolio), entre otros.

Adicional a la visión estrictamente científica, otros puntos de análisis son el económico e, irremediablemente, el ideológico. En México, a finales de la década de los 70 y debido a un largo proceso de industrialización del país, así como al retraimiento tan fuerte ocasionado por una política económica errática durante el sexenio de Luis Echeverría, el agro mexicano dejó simplemente de producir granos básicos y se volvió un gran importador de alimentos. No obstante que la dependencia alimentaria del país la tenemos instalada en México desde hace cuando menos 50 años, actualmente hay quienes se siguen envolviendo en la bandera de un nacionalismo que, históricamente, ha sido más un estorbo que un motor de desarrollo. Muchos recordamos cuando, en 1980, López Portillo instaura como parte de su programa de gobierno el Sistema Alimentario Mexicano como la gran solución a la autosuficiencia alimentaria y muchos seguimos recordando cómo fracasa rotundamente.

Después de un repunte en los años anteriores a 1983 –específicamente entre 1979 y 1982–, repunte artificial dado que el SAM se caracterizó por el subsidio a insumos, con tasas de interés preferenciales así como créditos, además de un consumo garantizado gracias a los subsidios a la población, la situación se volvió insostenible. Por un lado, la baja de los precios del petróleo no podían seguir manteniendo el gasto del Estado, no al menos como lo venía realizando y, por otro y como consecuencia de lo anterior, la declaratoria de la suspensión del pago de la deuda, hicieron que el país ya no fuera considerado como agente crediticio por las instancias internacionales.

De acuerdo con datos proporcionados por el Centro de Análisis Macroeconómico (CAMACRO), la importación de granos –especialmente de maíz amarillo–, aumenta gradualmente cada año; en los últimos 20 años, señala CAMACRO (fluctuaciones de por medio), las importaciones de maíz han pasado de 7.7 millones de dólares en 1993 a 180.2 millones en 2013. Más evidencia sobre la dependencia que ya existe en México en el terreno alimentario, no es posible.

Sin embargo, el pasado mes de octubre el juzgado federal Décimo Segundo de Distrito en Materia civil del D.F. emitió una medida precautoria en la que ordena a la Secretaría de Agricultura (Sagarpa) y a la Secretaría de Medio Ambiente (Semarnat) no otorgar permisos a transnacionales como Monsanto, Pioneer, Syngenta, PHI México y Dow AgroSciences para la siembra de maíz transgénico a escala experimental, piloto y comercial en el país. De acuerdo con esto, no sólo se trata de una empresa (Monsanto) la que tiene la exclusiva para generar una dependencia económica, son varias.

De acuerdo también con esto, la experimentación (que podría perfectamente involucrar a centros de investigación de la UNAM y del IPN para su arbitrio), también queda cancelada por un activismo que parece no medir las consecuencias de frenar esa etapa experimental que tanta utilidad tendría.

Un activismo que, al parecer, prefiere que el agro mexicano siga estancado y que el precio del maíz siga en aumento antes de “entregar a intereses extranjeros” “nuestro” maíz (algo que ha ocurrido en los últimos 50 años y que parece haber pasado inadvertido).

Sobre si generan un daño o un beneficio a la salud, cada quien maneja su versión: por cada video viral en contra de los transgénicos, me he topado con cuando menos 3 posiciones de sociedades científicas que avalan que no hay daño alguno en su consumo/utilización. En lo personal, creo que a la larga serán muy benéficos.

Al final y ante la negación de una historia que viene del Neolítico, parece que el activismo es resultado de la fe y de la esperanza, pero como decía San Agustín, la fe se refiere a cosas que no se ven y la esperanza a cosas que no están al alcance de la mano.

Así, para que la cuña apriete.

La Revolución

  por Manuel Moreno Rebolledo Con 110 años de edad, la Revolución Mexicana –impulsada por la pequeña burguesía de la época y con un ideario...