julio 02, 2015

Caín y Abel

Es probable que utilizando un lenguaje que les sea común en el PAN entiendan la metáfora: en el Génesis, cuando Dios le pregunta a Caín sobre Abel, éste le revira: "¿Soy acaso el guardián de mi hermano?"

Lo que sucede en Acción Nacional no es un hecho que sorprenda. He sostenido desde hace casi tres lustros que la gran zona de confort de ese partido es siendo oposición y, una vez que han gobernado, la descomposición era sólo cuestión de tiempo.

El PAN lleva desde que asumió el poder –hace poco más de 14 años–, una relación perder-perder consigo mismo, con sus simpatizantes y con la sociedad en general: Calla a voces críticas; se aleja de la ciudadanía; se ve envuelto en asuntos de corrupción siendo gobierno; ha generado malos resultados electorales en todas las contiendas donde ha participado y un sinfín de temas en cascada que en nada han abonado a la mala reputación que este partido ha ganado.

Es cierto que el PAN no tiene la patente de un gobierno que entrega malas cuentas a la sociedad. A final de cuentas es un sistema generado hace más de setenta años para el cual lo menos importante fue y ha sido el ciudadano común, y es justamente ese sistema el que ha sido replicado por gobiernos de izquierda y de derecha, de panistas, perredistas y, desde luego, de los dueños de la franquicia, el PRI.

Y en ese ánimo de un sistema que se repite (sea cual fuere el gobierno) y como una muestra más de que lo que menos importa es el individuo, hoy el PAN vive una crisis que no le creció como post-gobierno sino que la viene padeciendo desde que fue gobierno federal.

Hoy nos encontramos con cuando menos tres grupos (visibles), que buscan el ajuste de cuentas y las purgas en Acción Nacional.

El primero es el PAN que terminó de ser gobierno y quiere seguir influyendo en él, sin querer darse cuenta que fue la población quien lo remitió a un tercer lugar en las elecciones de 2012 gracias a ese último mandato que fue, por decir lo menos, inepto y que apenas logró escalar una posición en junio pasado (más por la desintegración de la izquierda que por méritos propios).

El segundo es quien se ha adueñado tanto del partido como de sus posiciones clave (en el Congreso); que ha hecho del pragmatismo su estandarte pues ha hecho alianzas impensables, molestas para el panismo tradicional y que ha demostrado una gran estulticia al momento de justificar los datos duros sobre su desempeño.

El tercero (más identificado con ese segundo PAN) es el partido de siempre, el que sólo ha sabido ser una oposición “a modo” de los gobiernos del PRI y que ahora parece ser sólo un observador al ser el grupo más alejado de la contienda por ver quién preside a su partido.

Hoy los panistas de siempre, de tanto criticar a las “tribus” ajenas, se miran en un espejo de decepción.

En parte la ineptitud y en parte las ambiciones personales, hacen que un partido político produzca conflictos internos y ocasione una pérdida irreversible de adeptos, y también logra que al exterior sea percibido como una opción poco confiable de gobierno. Una muestra de lo que es capaz de hacer un partido que reúne estas dos condiciones es el Partido Acción Nacional que nos está tocando ver cómo se despedaza.

La paliza que el PAN se está dando a sí mismo –y yo añadiría, al México que se quedó esperando el cambio y al México con memoria– refleja, más que la participación activa en las decisiones que todo partido político serio debe negociar y tomar con toda la cautela y consenso permitidos, la avidez por el dinero y por una porción de poder que les permita negociar con el actual partido en el gobierno.

Por una parte vemos a un Gustavo Madero (presidente del PAN), que si fuera el director de mercadotecnia de una marca que hasta hace nueve años tenía la mayor participación en el mercado y que de pronto cae de manera formidable en números desde 2012, no sólo en la distribución nacional sino en estados clave como Jalisco, San Luis Potosí y ciudades con una importancia similar, lugares donde era impensable que perdieran posición, ya lo hubieran corrido sin miramientos, sin indemnización y, faltaba más, sin carta de recomendación. De seguir así y con doce Estados en disputa para 2016, la debacle será mucho mayor.

Por la otra, vemos a un Felipe Calderón que no se cansa de querer salir en la foto o de impulsar a su mujer a lo que muchos llaman su reelección transversal. El autodestape de Margarita Zavala como precandidata a la presidencia de México una semana después de haberse postulado (también con video) como contendiente por la presidencia del PAN –donde seguramente sí tendría posibilidades y sí sería de mucha ayuda–, no sólo pretende mostrar el músculo político que Felipe Calderón cree tener aún; muestra algo que durante todo su sexenio mostró: la necedad y la mecha corta. Lejos de ser un personaje analítico es increíblemente reactivo y se está haciendo acompañar en esa necedad por su mujer.

El PAN necesita –igual que la izquierda–, tener un proceso de refundación guiado, cuando menos, por las ideas de aquellos que lo hicieron una opción diferente de ejercicio político. Obvia decir que ya no tiene un Gómez Morín o un González Luna y ni pensar siquiera en que se vea en el horizonte panista un Castillo Peraza, pero es un momento en que el PAN necesita más ideólogos que políticos, sobre todo cuando cada día se demuestra que éstos últimos traen consigo un alto grado de contaminación.

Interesantes tiempos se vienen para este partido político si sabe capitalizar lo que significa tener apertura dentro de la oposición pero reencontrando su lugar como un partido que se abre a una ciudadanía olvidada por ellos durante más de dos sexenios.


Por lo pronto el presidente del PAN, el tibio Gustavo Madero, tendrá que revisar qué grupo, dentro de su partido, fue el que hizo valer la vieja frase de su tío abuelo: “Muerden la mano que les quitó el bozal”.

junio 16, 2015

En Campaña

(Publicado en la Revista Merca 2.0 correspondiente al mes de junio de 2015)

Decía Henry Kissinger que el noventa por ciento de los políticos dan mala reputación al diez por ciento restante. Conocía México, pero ese dicho sin duda lo expresó para referirse a Estados Unidos. De haberse referido a México, la cifra hubiera quedado corta; no por nada el nivel tan bajo de reputación que guarda la política en nuestro país –cuando menos, de acuerdo con las encuestas–.

Es un hecho que una campaña para elegir diputados (y algunos gobernadores), no tiene el mismo peso que una elección presidencial. Desde los tiempos del partido único donde la voz del Congreso era sólo un eco de la voz del presidente, esta elección era vista por la gente como el reacomodo que el PRI hacía de sus cuadros para que todos jugaran y nadie se quedara fuera del presupuesto (de ahí que este tipo de elecciones haya sido, históricamente, ganada por la abstención).

El presupuesto

Sin embargo, y no obstante llegar a esta elección con un panorama completamente diferente al de hace algunos lustros, la abstención seguramente volverá a ganar, pero esta vez tendrá un rival más fuerte: la anulación de quienes, yendo a votar, tachen su boleta para inhabilitarla y demostrar con ello el hartazgo del que los partidos no se quieren dar por enterados.

Veamos el presupuesto: El financiamiento público a los partidos políticos en este año es de poco más 1,606 millones de pesos para campañas más unos 160 millones más para “actividades específicas” que comprenden educación y capacitación política (que es promoción al voto vía obsequios y propuestas “a ras de piso”), investigación socioeconómica y política (encuestas políticas), así como tareas editoriales que comprenden la producción de medios impresos propios. Como dato, es importante saber que esa cantidad de dinero la calculan multiplicando el número de personas inscritas en el padrón electoral por el 65% del salario mínimo diario vigente para el Distrito Federal.

Todo es discrecional

En estricto sentido de proporción, el presupuesto que cada partido tiene para sus campañas varía de acuerdo con los resultados electorales previos.

Normalmente, cuando se trata de elecciones para gobernador, cada partido dispone de un 55 a 60% del presupuesto para difundir la imagen del candidato al gobierno local; de un 20 a 25% para las campañas de los presidentes municipales y el resto para reforzar la imagen del partido (léase candidatos a diputados locales).

Es importante decir que este presupuesto no se reparte en forma pareja; por supuesto que no. Siempre hay consentidos (que aunque no aparezcan como plurinominales) a quienes se les dan preferencias presupuestales.

También es importante señalar que, a partir de las modificaciones que tanto en 2008 como en 2014 sufriera la ley electoral, las inserciones en radio y televisión (que representaban lo más caro de las campañas) son gratuitas, pues toman parte importante de los tiempos oficiales que por ley corresponden al Estado, más los que designó el Senado a raíz de dichas enmiendas.

Esto quiere decir que, dejando de lado la producción de los spots que se transmitirán gratuitamente y que cuestan muy poco del presupuesto, todo lo demás –se supone–, se canalizará por medio de propaganda Below The Line.

La duración

No tomaré en cuenta en este análisis a los candidatos independientes por dos razones: la primera es que su presupuesto no es significativo en contraste con las posibilidades de exposición en medios electrónicos que tiene un candidato con afiliación, por el simple hecho de que su partido sí se anuncia en Radio y TV. La segunda porque tal nivel de inequidad arrojará un mínimo de ganadores.

Por otra parte, de las pocas cosas buenas que ha traído la nueva ley electoral es la duración de las campañas. Las precampañas duran un promedio de 40 días y los partidos en conjunto pueden tener presencia en Radio y TV hasta por un minuto cada hora de transmisión. Ya en campaña, deben hacerse durante los 60 días previos a la elección y el tiempo de exposición en los medios mencionados podría triplicarse.

Los contenidos, para llorar

A falta de propuestas llamativas o creativas en los spots de radio y TV –que ahora por ley suman hasta 48 minutos diarios de las 6 a las 24 horas en cada emisora–, la atención se volcó hacia la opinión que de los partidos políticos se tienen en unas cada vez más polarizadas redes sociales, donde los memes, videos e historias refrendan lo anticlimático que sobre este asunto estamos viviendo ante la impavidez de los referidos.

La democracia en México sigue llena de adjetivos –en alusión a lo que señalara en los ochenta Enrique Krauze–, y de todos esos adjetivos, les aseguro que ninguno es bueno.

Así de duro.

La Experiencia

(Publicada en la revista Merca2.0 del mes de mayo de 2015)

Frank Lloyd Wright, uno de los grandes maestros de la arquitectura del siglo XX (entre sus grandes proyectos estuvo el Museo Guggenheim en Nueva York, por ejemplo), decía que uno de los vicios que debe vencer cualquier despacho de arquitectura al momento de proyectar, es querer detener o limitar el proceso de pensamiento creativo de los arquitectos más jóvenes; siempre y cuando alguien con la suficiente experiencia estuviera ahí para supervisarlos. Un experto, decía Wright, es un hombre que ha dejado de pensar, simplemente sabe.

Y un experto (no lo decía Wright, pero obvia decirlo), es quien ha acumulado experiencia por muchos años, entendida esta no como el número de cosas que se han visto, sino el número de cosas sobre las que se ha reflexionado con provecho.

Cuando todos creen saber

Ahora bien, uno de los vicios más frecuentes es que quienes no han leído, visto o vivido lo suficiente como para simplemente saber, son quienes creen saberlo todo. Una actitud así es no sólo encomiable sino hasta digna de aliento siempre y cuando –como me decía un ex Jefe–, le pongamos un corsé intelectual al asunto.

Es un hecho que el mundo se está rejuveneciendo sobre todo en el mercado laboral que nos compete. Tanto clientes como los encargados de atenderlos desde agencias a consultoras, están siendo cada vez más jóvenes (con todos los defectos y virtudes que ello implica).

¿Qué está ocurriendo?

No sólo como un método de recuperar y dignificar la experiencia (algo que se hacía desde el concepto mismo de “Senado” en la antigua Grecia), sino para tener la completa satisfacción de los clientes, muchas agencias de relaciones públicas y publicidad –en Europa, principalmente (España y Gran Bretaña, los más asiduos), aunque ya hay muchos casos en Estados Unidos–, están reclutando a hombres y mujeres con muchos años de experiencia para que sean ellos quienes pongan el punto final a los proyectos, me explico:

El trabajo que realizan estas personas es el de opinar, revisar y ser una especie de consultores o “catones” internos (no ganan los grandes salarios de las cabezas de la agencia y justamente por ello resultan increíblemente rentables), para todos los proyectos que se realizan. Supervisan la estrategia; contribuyen con los aspectos relativos al racional (generan contexto); supervisan y tienen la libertad de corregir las aplicaciones a las estrategias e, incluso, apoyan de manera fundamental en los contenidos.

¿Por qué se llegó a esto?

En el caso de la relaciones públicas, si la mayor parte del trabajo es la de construir reputaciones, este debe ser realizado por publirrelacionistas apoyados en expertos de análisis de entornos sociales, políticos y empresariales (entre otros), gente con la suficiente visión y experiencia como para simplemente saber hacia dónde sopla el viento y qué es exactamente lo que le conviene a nuestro contratante: dejar este tipo de tejido fino en manos inexpertas o en clientes que creen saberlo todo, puede ser increíblemente contraproducente.

Normalmente (sobre todo cuando la falta de planeación es una pandemia –originada regularmente desde la misma oficina del cliente– y que afecta en serio el trabajo de las agencias), contextualizar la comunicación, es decir, entender perfectamente toda la circunstancia que rodea el mensaje o conjunto de mensajes que se van a emitir: lo social, lo político, lo económico, lo cultural, lo legal, es una tarea que se deja de lado porque o no hay tiempo o sencillamente no se sabe cómo hacerlo. La investigación es fundamental y se vuelve algo tardado y costoso. Por ello es que una persona con una formación cultural y social sólida es tan relevante. Ahorra tiempo y dinero.

Otros beneficios

Emplear a una persona mayor, además de ser algo socialmente responsable (al menos así lo están viendo quienes comenzaron con la idea), es algo que terminará por enriquecer la vida interna de las agencias: no son personas que aspiran a hacer carrera dentro de estas pero harán todo lo posible por formar cuadros y darán conocimientos que, a la larga, serán muy útiles para todo el trabajo que implica cada cuenta.

No se trata de frenar ni la creatividad ni el impulso que las nuevas generaciones están dándole a la actividad; por el contrario, se trata de darles un mayor número de elementos que les hagan posible un mejor desempeño en lo inmediato y en una mayor posibilidad de beneficio a mediano y largo plazos. La forma de los contenidos podrá cambiar, lo que nunca podrá hacerlo es la metodología para que funcione.

A final de cuentas, como decía Jacques Roumain, si la experiencia es el bastón de los ciegos, estos caminarán no sólo mejor sino más aprisa. Así de contundente.

mayo 25, 2015

Información Electoral

(Para la Revista Merca2.0 escrito en mayo de 2012)

De acuerdo con el libro “Los elementos del periodismo”, escrito en 1997 por Bill Kovach y Tom Rosenstiel, son nueve los fundamentos que un periodista debe tener con el objeto de cumplir bien con su deber y proveer a la gente con la información necesaria para ejercer su libre albedrío. Estos elementos son: 1) La primera obligación del periodismo es con la verdad; 2) Su lealtad debe ser con la ciudadanía; 3) Su esencia es la disciplina por verificar; 4) Quienes lo ejercen deben mantenerse independientes de quienes cubren; 5) Debe servir como un monitor independiente del poder; 6) Debe servir como foro para la crítica pública y comprometerse; 7) Debe esforzarse para hacer de lo importante algo interesante y relevante; 8) Debe mantener las noticias completas y proporcionales; y 9) Quienes lo ejercen, deben permitir el ejercicio de su conciencia personal.

La relación
El periodismo como gestor de opinión pública es parte fundamental de cualquier programa de relaciones públicas y, aunque la mayoría de agencias sólo acuden a la crónica social como único acercamiento a esta disciplina para justificar que una determinada reputación se está creando, es indispensable que preparen cuadros para coyunturas como la que estamos viviendo en estos días previos al primero de julio. Me refiero a la política.

Es cierto que no se requiere de una agencia de relaciones públicas para generar puentes entre medios informativos ni emitir los boletines de prensa de los candidatos en campaña; eso ya lo tienen sus equipos internos y lo hacen en cierta forma bien.

El asunto es que parece ser que en ninguna de las casas de campaña existe una línea editorial que defina la estrategia de gestión de opinión que se tendría que llevar respetando, desde luego, los preceptos que dan inicio a este artículo.

La movilidad de una campaña
Es innegable que el mensaje que debe tener un candidato durante su campaña (y por consiguiente la línea editorial que debe difundir), debe tener la movilidad propia que determinan diferentes factores como su estrategia general de posicionamiento, su lugar en las encuestas, su respuesta a posibles ataques –rivales y no rivales–, y su respuesta a problemas que van viendo en el día a día de la campaña en el conocimiento (o reconocimiento), que van haciendo del país que pretenden gobernar.

Sin embargo, en estricto sentido, el mensaje original (o cuando menos su esencia), debiera permanecer incólume no obstante los golpes de timón o los cambios de estrategia política que surjan en el camino. Sería muy triste pensar que una propuesta original –que después alguien sintetizó en el qué decir siempre–, y que fue el sustento que llevó a un candidato a serlo, tenga variaciones tales que lo hagan perderse en el camino.

Al día de hoy
Hasta ahora –y dejando de lado las anodinas campañas de televisión y radio que hemos visto (habrá un solo spot que se salve)–, lo que escuchamos en las noticias y leemos en los periódicos nos deja inermes ante el inminente ejercicio del voto. Es decir, nada de lo que escuchamos y vemos en los noticiarios o leemos en los diarios (salvo, claro, los artículos de opinión), nos dan una buena razón a ese veintitantos por ciento de indecisos, de votar por alguien –si es que ese fuera nuestro deseo–.

Si esta campaña la ubicáramos en los años 70, el trabajo de los asesores de imagen y propagandistas (me rehúso a utilizar el término mercadólogos políticos pues es un contrasentido), hubiera sido hasta ahora pulcro. Pero esos tiempos ya se fueron.

Hay un desaprovechamiento increíble de las nuevas tecnologías para llevar un mensaje conciso, concreto, convincente y creíble; todo ha sido, al día de hoy, una guerra de clientelas para desacreditarse el uno al otro.

El resultado parece inminente
De seguir como estamos, para desgracia de muchos (me incluyo), esa falta de contundencia en la transmisión de un mensaje clave que genere conciencia y por lo tanto mueva a acción (si no, para qué sirve), las cosas van a seguir exactamente igual que ahora –o peor–, sólo que con otro partido político en el poder.

Hay muchos y muy buenos periodistas en México (la gran mayoría de ellos también muy respetables); lo que no hay en nuestro país, son expertos en estrategia editorial de campaña. De hecho, a veces ni se les encuentra en el famoso “Cuarto de Guerra” porque los coordinadores de campaña no tienen idea de la función que en beneficio de su candidato pueden representar.

El legendario político vasco (miembro fundador del PSOE), Enrique Múgica, decía que la democracia no es el silencio sino la claridad con que se exponen los problemas y los medios para resolverlos. Hasta ahora, de nada de eso nos hemos enterado aquí.

abril 18, 2015

Relevante Fallo Provisional

por Eduardo R. Huchim
para el periódico Reforma

Aun cuando tiene carácter provisional, uno de los fallos más importantes del Poder Judicial en el año lo acaba de emitir el juez octavo de Distrito en Materia Administrativa del DF, Fernando Silva García, en el amparo interpuesto por Carmen Aristegui en contra de la emisora MVS, que la despidió de su programa radiofónico luego de intentar que aceptara unos "lineamientos" atentatorios contra el ejercicio de un periodismo libre y responsable.

El juez otorgó la suspensión provisional para el efecto de que MVS Radio dialogue con Aristegui y ambas partes lleguen a un acuerdo respecto a las diferencias sobre el alegado incumplimiento del contrato de prestación de servicios, aparte de suspenderse también la aplicación a la quejosa de los mencionados lineamientos.

Los argumentos del juez son relevantes no sólo para el caso Aristegui- MVS, sino de cara a la libertad de expresión, hoy amenazada desde la cúpula del Estado mexicano, por más que los sumisos y los tibios de siempre soslayen esa realidad que, por fortuna, ha sido percibida por muchos.

Cuando un periodista analiza y critica no sólo ejerce su propia libertad de expresión, sino contribuye a actualizar el derecho de la sociedad a saber. Si se cercena o limita la libertad de un periodista, se afecta simultáneamente un derecho colectivo a la información. El fallo del juez Silva García va en ese sentido, al expresar (énfasis míos) que "la restricción a la libertad de expresión y difusión que impera sobre la quejosa se va consumando de momento a momento para ella y la sociedad en forma irreversible". Así, "en la fase cautelar, en forma provisional, carece de apariencia de buen derecho la decisión de una empresa que suponga que está facultada para disponer en forma imponderada de la estabilidad y de los servicios de una periodista como la quejosa, bajo razones exclusivamente contractuales de derecho privado..." (Comunicados del CJF).

Una singularidad destacada es que, a diferencia de la mayoría de las demandas de amparo, en este caso se instauró contra un particular y no contra una autoridad gubernamental, con base en lo dispuesto por el artículo 5, fracción II, de la Ley de Amparo promulgada en 2013.

Después de la promulgación de la nueva ley -me dice el jurista Julio Martínez Rivas-, ha habido varios casos de amparos contra actos de particulares, pero no siempre prosperan. Hace unos meses, el Primer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Sexto Circuito (Puebla) resolvió (AR 260/2014) que los notarios públicos en ocasiones actúan como autoridades (cuando dan fe de hechos violatorios de derechos humanos, por ejemplo) y, en consecuencia, sus actos pueden ser reclamados vía amparo.

Otro aspecto relevante de la resolución del juez Silva García es que consideró de carácter administrativo la naturaleza del asunto, porque -apuntó- si bien se impugnó la terminación de un contrato calificado como "civil" por las partes, este documento se inserta en un ámbito concesionado de derecho administrativo (bienes y servicios públicos), en donde la parte contratante (MVS) está condicionada por el régimen de interés público a que está sujeta la concesión. Adicionalmente, señaló que la materia del contrato posee relevancia social y pública que trasciende el interés privado por tratarse de servicios de periodismo y difusión de información pública.

Ciertamente, el fallo del juez Silva García es provisional y, además, MVS podría impugnar tanto la admisión de la demanda cuanto la suspensión. El juzgador tiene pendiente estudiar y resolver el fondo del asunto, es decir, si procede o no la reinstalación de la periodista con base en las pruebas que aporten las partes.

Pese a su provisionalidad, los criterios que ha expresado el juez van en consonancia con la libertad de expresión, el derecho a la información y, también, con la autonomía que sin duda existe en parte del Poder Judicial de la Federación, aun en estos tiempos en que personeros del Ejecutivo se entrometen o pretenden entrometerse en asuntos de los otros Poderes de la Unión.

abril 15, 2015

Lorenzo y Jacquie

Por Sergio Aguayo
para el Periódico Reforma

Las trapacerías del Partido Verde han provocado una discusión sobre quién debe corregir las anomalías. Reviso aquí las posiciones del actual presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova, y de una ex consejera, Jacqueline Peschard.

El Verde se ha distinguido por su capacidad para hacer negocios, violar las leyes y aliarse con grandes empresas (ha sido el principal instrumento de Televisa y TV Azteca para beneficiarse con una "telebancada" en el Congreso que defiende sus intereses). En este ciclo electoral el Verde inició una millonaria campaña en septiembre de 2014 ¡ocho meses antes de lo permitido! La saturación de sus mensajes –y el descrédito de los otros partidos– disparó su intención de voto y siete de los diez partidos políticos ya se quejaron ante el INE, y algunos incluso piden la cancelación del registro.

También hay irritación ciudadana, en Monterrey una estudiante de la Facultad Libre de Derecho, María Santos Villarreal, subió una petición a change.org #QuitenRegistroAlVerde http://bit.ly/1FxHV0d. Un ex consejero del IFE, Alfredo Figueroa, y otro del IEDF, Eduardo Huchim, la retocaron y quedó un texto mesurado en el tono, contundente en los hechos y sólido en su fundamentación jurídica. Al terminar esta columna llevaba más de 84,000 firmas y change.org la ubica como la petición más destacada y popular.

Cuando le preguntaron a Lorenzo Córdova qué pensaba sobre la petición ciudadana respondió con un exabrupto antiintelectual y excluyente: el INE "no se conduce con la estridencia de la tribuna". ¡Al presidente del organismo público que tutela nuestros derechos políticos le molesta que los ciudadanos opinemos y participemos fuera de las urnas! No sólo eso sino que refuerza su idea ¡mandándonos fuera, a la tribuna de los espectadores!

Lorenzo también dice que el INE está para aplicar la ley, lo cual significa que atenderá la petición ciudadana. Jacqueline Peschard –una respetada ex consejera– introduce una variante en su columna para El Universal (13 de abril). Acepta de entrada que "el partido del tucán ha violado sistemáticamente la ley electoral" y "ha desacatado las resoluciones de las autoridades electorales". Sin embargo está en contra de que el INE le quite el registro aunque la ley le otorgue facultades. Ello suplantaría, dice, una prerrogativa de los electores. Propone que las urnas quiten o ratifiquen el registro del Verde.

Esta idea -muy extendida en algunos círculos- pasa por alto que el Verde ha mentido a los electores apoyándose en las televisoras y aprovechándose de la laxitud del INE y el Tribunal Electoral. La mansedumbre de los árbitros ¿viene de la convicción o de su domesticación? Existe evidencia para argumentar que en el actual INE manda el bloque comandado por otro consejero, Marco Antonio Baños, cuya cercanía con el PRI y el Verde ha sido igualmente documentada. Y al Tribunal lo acaban de exhibir en Guadalajara.

Nuestros derechos están en la indefensión. ¿Qué hacer? Recordar de entrada que todo violador de derechos busca legitimidad jurídica. Así, la segregación racial en Estados Unidos tenía un sustento legal refrendado una y otra vez por la Suprema Corte hasta que en 1954 emitió un fallo histórico basado en un criterio diferente: la segregación era injusta.

México necesita justicia y las instituciones que tutelan derechos imitan a Poncio Pilatos y se lavan las manos amparándose en interpretaciones blandengues de la ley. Jacqueline argumenta que "si de lo que se trata es de impedir que el Verde siga violando la normatividad" la autoridad podría, por ejemplo, "reducir significativamente sus tiempos de campaña en medios electrónicos". Este razonamiento deja sin castigo lo que el Verde ya hizo. Tratarlo de esa manera sería darle otro jalón de orejas al partido que se burla todo el tiempo de las leyes, del INE y, sobre todo, de los ciudadanos.

El Verde ya manchó estas elecciones de inequidad. Ni el INE, ni el Tribunal Electoral pueden evadir este hecho e ignorar su responsabilidad. O le entran o se "avicentan" y siguen inventándose excusas para disimular su complicidad con los delincuentes electorales, los corruptos y los poderes fácticos. Si no ponen como principal criterio la justicia, en 2018 volveremos a tener esta discusión sobre un partido, el Verde, que es un caso estridente de perversión democrática. Cumplan con su deber. Atrévanse a pensar en el interés general y en la justicia. Quiten el registro al Verde.

 
Colaboraron Paulina Arriaga Carrasco y Maura Álvarez Roldán.

abril 09, 2015

Sindicatos

29 de marzo de 2015

Escrito por Gabriel Zaid
para el periódico Reforma

La importancia política de los sindicatos mexicanos viene de su origen histórico. Las grandes centrales obreras no surgieron desde abajo, sino desde el poder presidencial.

En el siglo XIX, los sindicatos empezaron como asociaciones de microempresarios (sastres, por ejemplo) que continuaban la tradición de los gremios medievales. Su organización era horizontal (como hoy los de una cámara industrial), a diferencia de las estructuras verticales de las centrales obreras.

La nueva militancia sindical llegó con los obreros especializados que trajeron las empresas extranjeras, como la Cananea Consolidated Copper Company. Pero pasar de los sindicatos de empresa al sindicalismo federal fue una creación política. Los generales golpistas Obregón y Calles necesitaban "correas de transmisión" civiles del poder presidencial: no militares, sino militantes (aunque golpeadoras, en caso necesario).

La operación fue coordinada por el famoso líder Luis Napoleón Morones, creador de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM): una central de escala soviética que llegó a tener dos millones de agremiados, cuando la población del país andaba por los 16 millones.

Calles premió a Morones integrándolo a su gabinete como secretario de Industria, Comercio y Trabajo (nada menos) de 1924 a 1928, un puesto que él mismo había tenido bajo el presidente Carranza. Ahí Morones inventó la política industrial que siguió vigente más de medio siglo: la industrialización protegida de la competencia exterior.

Cerrar la frontera a las importaciones fue políticamente genial. Llevó el "nacionalismo revolucionario" a la economía. Dio control al gobierno, mercados cautivos a la industria nacional y mejores salarios y prestaciones a los sindicatos. La Alianza Tripartita aceleró la industrialización a costa de los consumidores. Bajo el lema "Consuma lo que el país produce", tuvieron que resignarse a comprar productos más caros y menos buenos que los que ya no se podían importar.

Los sindicatos se volvieron otra especie de industria protegida por el gobierno, aunque Morones llegó a olvidarlo: creyó que se mandaba solo y aspiró a ser presidente de la república por su propia fuerza. Ahí terminó su carrera política. Pero la integración política del poder sindical no terminó. Todavía hoy, tantos años después de la apertura comercial, el proteccionismo sindical lastra el desarrollo del país. Los líderes viven protegidos de la emancipación de sus agremiados y de la competencia de otros líderes que traten de meterse en sus dominios.

En 1923, Obregón como presidente y Calles como secretario de Gobernación sindicalizaron a los voceadores para tener el control de la prensa. (Todavía en 1994, la Unión de Voceadores trató de impedir la circulación independiente de Reforma).

En 1935, el presidente Cárdenas promovió la formación de una cúpula sindical petrolera, y con ese ariete expropió el petróleo en 1938. En 1936, promovió además una cúpula de cúpulas: la Confederación de Trabajadores de México (CTM), y aprovechó una huelga ferroviaria para expropiar el 49% de los Ferrocarriles Nacionales que no estaba en poder del gobierno. En 1938, incorporó a los sindicatos al partido oficial, transformando el Partido Nacional Revolucionario (integrador de cacicazgos regionales) en Partido de la Revolución Mexicana (integrador de cacicazgos sectoriales). Y, para completar el control de la prensa, en 1939 promovió la formación del Sindicato Mexicano de Trabajadores de la Radio.

En 1958, hubo un desafío político de líderes disidentes del sindicato de maestros que tomaron la SEP varios meses y finalmente el Zócalo, donde se toparon con la represión del presidente Ruiz Cortines. Como repitiendo el ciclo de Morones, la maestra Elba Esther Gordillo llegó a la cúpula de ese sindicato gracias al presidente Salinas de Gortari; fue presidenta de la Cámara de Diputados y secretaria general del PRI; constituyó un partido propio y logró ser un factor de poder que la presidencia no podía ignorar; menos aún la del presidente Fox, el primero llegado por vías de oposición. Cuando el PRI recuperó la presidencia, pareció explicable, aunque asombroso, que el presidente Peña Nieto la metiera a la cárcel. Pero el proteccionismo al sindicato de maestros continúa.

Los líderes disidentes se han dado el lujo de desafiar al presidente, como esperando una represión que abra oportunidades revolucionarias. El viejo saber hacer del poder presidencial ya no sirve, y el nuevo está por aprenderse.

La Revolución

  por Manuel Moreno Rebolledo Con 110 años de edad, la Revolución Mexicana –impulsada por la pequeña burguesía de la época y con un ideario...